Países a los que no puedo ir porque han cerrado sus aeropuertos:
1. Cuba
2. Argentina
3. Ecuador
4. Perú
5. Bolivia
jueves, 30 de abril de 2009
21
Y para colmo gripientos, discriminados, más mexicanos que nunca. La mayoría se aburre en el rincón caliente de sus casas llenas.
La peste estrena nombre: VIRUS DE LA INFLUENZA HUMANA.
20
La sabiduría del cautiverio aflorará, no tarda. Entonces saldremos de nuestras paredes y darle la mano a otro será un gesto extraño. Nos vamos a mirar distintos sin cubrebocas ni miedo. Algo calará hondo, aunque los incrédulos vayan por ahí con sus manos limpias y sus bromas horribles:
-¿Qué le dijo México a la Influenza?
-Mira cómo tiemblo.
19
Estamos aprendiendo a vivir como si sólo nos quedara un día. Pero no sirve dicho aprendizaje. La muerte no interrumpe nada. Las costumbres sí que son muy poderosas.
17
No les salen las cuentas. Que son 10 o 150 muertos, que si sólo 99 con influenza porcina. Ineptitud, mentira. Por eso crece el pánico, por la estupidez de las autoridades. De ahí que corran los mails asegurando que todo este show es una cortina de humo. Qué buen guión sería. Imaginemos algunas personas sembrando el virus en todo el mundo. Dos o tres espías encargados de montar este teatro. Conspiración, bioterrorismo. Pero lo más divertido es que no les salen las cuentas. Verlos dudar, enredarse, ésa es la función que más me gusta.
16
La Teacher compró una caja de leche, tres kilos de arroz, frijoles y lentejas, cuatro cajas gigantes de cereal, cuatro kilos de naranjas, manzanas, guayabas y limones. También se formó en la fila de los embutidos, pero se acordó de que es mejor no comer cerdo ni pollo. Por lo que anduvo fisgoneando en otros pasillos de colores. Desde toallas sanitarias, papel higiénico, shampoo, jabones y de más. Vaya que pesaba el carrito. La cuenta superó por mucho los mil pesos mexicanos enfermitos. Al salir del supermercado se tranquilizó al ver que el señor del estacionamiento llevaba un cubrebocas. Con todo, Viviana procuró no acercarse demasiado. Al encneder el motor todo el ambiente se volvió recuerdo. Otra vez esa cancioncilla estúpida.
miércoles, 29 de abril de 2009
15
Primero que la vacuna no servía (por eso no me inyecté a tiempo). Después que el personal de todos los hospitales y hasta el señor presidente estan vacunados. Manipulación de la cura. Que se mueran los pobres, los feos, los anónimos.
14
-Aquí no pasa ligera la maldita primavera. Más bien su adjetivo permanece. Debemos agregarle otros: feroz, cruel. Se deja pervertir por un genoma maligno.
-No mames, Viviana. Mejor vámonos a beber. Ahí tengo un tequilita bien guardado.
13
-¿De veras no crees en la influenza?
-Para nada. Puros inventos del gobierno para tenernos asustados.
-Pero se está muriendo gente.
-¿Cuál?, a nadie enfermo han ido a entrevistar. Yo no he visto que hable alguien con el virus.
-Sepa.
-Sí, dicen que es una cepa nueva.
-No, quiero decir que sepa Dios qué nos están queriendo ocultar con todo este escándalo. Te digo que no ha hablado ningua persona con la enfermedad.
-Porque se han de ir directo a la cama del hospital.
-Mmmm. Una señora vino aquí a la estética ydijo que yo era una ignorante porque no sabía la magnitud del problema en que estábamos.
-Es que sí se está poniendo feo.
-Pues mira, yo seré ignorante, pero no pendeja. A mí no me hacen ponerme el cubrebocas.
-Para nada. Puros inventos del gobierno para tenernos asustados.
-Pero se está muriendo gente.
-¿Cuál?, a nadie enfermo han ido a entrevistar. Yo no he visto que hable alguien con el virus.
-Sepa.
-Sí, dicen que es una cepa nueva.
-No, quiero decir que sepa Dios qué nos están queriendo ocultar con todo este escándalo. Te digo que no ha hablado ningua persona con la enfermedad.
-Porque se han de ir directo a la cama del hospital.
-Mmmm. Una señora vino aquí a la estética ydijo que yo era una ignorante porque no sabía la magnitud del problema en que estábamos.
-Es que sí se está poniendo feo.
-Pues mira, yo seré ignorante, pero no pendeja. A mí no me hacen ponerme el cubrebocas.
12
Y ahora Calderón llama a la unidad. Recomienda que nadie salga de su casa del uno al cinco de mayo. Eso es ordenar una cuarentena muy por debajo del agua. No se atreve a decir la verdad porque el virus no es del todo desconocido. Sólo la circunstancia es nueva en estos años, pero el H1N1 no. Puede que se esté volviendo vigoroso, que se trate de otra variante, pero lafamilia es la misma. Tal vez para morir yo tenga que ser alguien talentso como Apollinaire. Quizá no. Probablemente basta con estar cerca de un humano.
11
Una alumna estadounidense le escribió a Viviana para decirle que se va de México el domingo. Consulta vía electrónica si puede entregar su último trabajo antes de que termine el semestre. La profesora responde que sí. La respuesta es inflamada: que si Cortés es una gran maestra, que si eso deben saberlo todos sus alumnos, que fue un placer conocerla, que la animó a escribir y demás. Pero la mexicana no supo si de algo le servirían esas frases ante la atinada decisión de una joven mujer que hace de todo para salvarse. Sólo resta felicitarla por su admirable sentido común. Locura es permanecer cerca de la fuente del contagio.
10
¿Cómo puede alguien escribir esas cosas?, ¿de qué se está hecho para desearle la muerte a los hombres? Luego se quejan estas feminazis de que nadie las quiere. Que se pudran ellas, que salgan a besar a todos los enfermos. El mundo no las necesita. Son deplorables, aborteras, conlfictivas, son basura y punto.
9
En el 1500 los italianos le llamaron la Influenza de las Estrellas. En 1918, la Gripe Española mató a cien millones. Se está repitiendo el virus. Acaba con la gente en edad reproductiva. El 65 por ciento son hombres, eso es justicia. Si ellos se encargan de matar mujeres, de maltratarlas, de convencerlas de cortar sus vuelos, está muy bien que enfermen. Conozco a tipos de 20 años que no harán otra cosa más que volver a escribir el guión de su familia donde ella es la que un buen día sale al mercado con lágrimas y el corazón rotísimo. También a hombres entre 30 y 40 divorciados, separados, solteros o viudos porque nadie los aguantó. Aplaudamos ese 65 por ciento.
8
Vomita y llora. Vomita y calla. Vomita y llora. Vomita y expulsa toda la carne de cerebro con aceitunas, aguacate, cebolla, cilantro, chile en trocitos y galletas saladas. Primero le entró a las cubas con ron caro, limoncito por la vitamina C, hay que subir defensas. Después brindó con cervezas heladas. A los veinte minutos llegó el tequila, los caballitos, la música más mexicana que el mole y el más vale morir bien briagos que en nuestro juicio.
7
A Viviana le llegó ese mail donde una niña rubia de dos años besa a un cerdo. Lengua a lengua, el contacto ahora le parece mortal. "Aquí están los culpables de todo este desmadre", afirma el remitente. Luego de leer Viviana se fue corriendo al baño. Sentada frente al azulejo rosa no pudo dejar de reír.
6
Me encanta cómo se ve mi carrito con su tapabocas, si se enfermara, ¡qué horror!, ¿quién me llevaría con mis cuartes de un lado a otro? También a Coti, mi perrita, la voy a proteger. Lo que no entiendo es porque nada más habrá tela de color blanca y azul, se ve horrible. Algo me he de inventar para no andar como todos. Vi un cubrebocas bien chido en Galerías, era de Hello Kitty, ¿cuánto costará?
5
Estoy leyendo este blog y no me gusta. No entiendo nada. Aparecen personajes, se cambian los tiempos, la narración es fatal y quiero saber más de la influenza. Que no joda quien está escribiendo, ¿qué se cree para ser tan malo? Que se largue a leer libros de gente que sí vale la pena. Eso es mejor para el encierro que andar haciéndole a que uno escribe. La cosa está jodida, eso es la única verdad que cabe y hacen falta más poetas, que no narradores ante estas crisis. Las hay de todas clases, escoja usted la que más le guste. Vaya que sí, de chile, dulce y manteca. Violencia por el narco, hambre por la inflación, temblores porque la Coatlicue se rebela y para colmo, para que nadie se queje, un brote de "neumonías atípicas". Alguien nos quiere matar de una vez por todas. Tendré que pensar en Dios de nuevo.
4
Dijo que era mejor reír. Por eso quiso besarlo con todo y cubrebocas. Pues si nos lleva la fregada, al menos los hicimos después de tantos años. Le endulzaba la voz muy cerca de su pelo rojo y ella no pudo resistirse. El hotel de Tlalpan también estaba desierto. Eran las once de la noche cuando dejaron el cuarto. En el metro se abrazaban. Entre caricia y caricia se burlaron de una señora con guantes. A la altura de Viaducto entró un joven disfrazado de apicultor que comenzó a hablar del fin del mundo. Lo bueno es que nosotros ya nos podemos morir después de hoy. Y qué lo digas, por mí que mañana sea el Juicio Final. Dios te lo perdonaría to-di-to. A ti también, ni duda cabe.
3
Se sirve el jugo naranja tibio. Lo saborea con melancolía y abre la ventana. Hay una fila interminable. Ella vive Frente a un consultorio, por eso observa a la gente formada con sus rictus. Esperan que un sólo médico atienda las fiebres, la tos, el dolor en cada hueso por debajo de la piel morena. De ojos verdes es el médico. A veces mira a Viviana con lujuria cuando sale oliendo a flores frescas rumbo al trabajo. La conoce desde niña, así funcionan las historias en los pueblos donde el calor vuelve cada año. Pero cada vez importan menos las temperaturas altas ante algunos personajes novedosos: narcos que se pasean desde Guerrero, transexuales que engañan a cualquiera y capitalinos cansados de sobrevivir. Olvido hablar de esas dos gitanas y sus volantes azules que aseguran resolver problemas, resucitar muertos o recuperar amores. Viviana ya fue. A los dos segundos se dio cuenta del error. Le sacaron cien pesos por decirle nada. Hay apocalípsis diminutos de los que nadie puede dar noticia.
2
De cerdos para cerdos la pandemia. Un agasajo para la muerte con sus jinetes que dan risa. Qué bien hace la naturaleza, ¿no crees Vivi? El dolor es su mejor legado. Todos ustedes son una plaga. Qué bueno que mueren los de la edad reproductiva, los que se hacen más después de sus besos y penetraciones asquerosas. La peste es genial aunque digan que esto es sólo un brote. La verdad, la sabes querida, es que ya no detendrán la suma de muertos. A temer toda la tierra del mariachi, pero tú no que muerta estás desde hace algunos días cuando el muchacho te olvidó y el otro hombre por fin dijo la verdad venenosa. Te da lo mismo irte al diablo o venirte de una vez por todas al infierno, con nosotros, tus mejores amigos. Mira, te cuento que ya se están cavando tumbas para todos los mexicanos con alma de puercos. Los virus cambian el espíritu, primera lección. De nada sirve lavarte las manos si estás en la lista. Tampoco te pongas a rezar. Eso de la esperanza suena bien, pero ya son muchos y no tuvieron cuidado cuando aún podían salvarse. Qué lástima que desde un rincón de tu conciencia no pueda alcanzar una pistola. Seré paciente, es cuestión de tiempo. Nada de rebeldías, ¿eh?
1
Eran mil los contagiados el día en que tembló a golpe de cinco punto siete en la escala de Richter. Eran las doce con treinta y tres minutos del veinte y siete de abril. Eran dos los amores rotos de Viviana Sosa y uno sólo el cristal vuelto añicos de su auto a las nueve de la noche. La mujer manejó de reversa, pero no vio la rama de un árbol que penetró en el medallón del Chevy. Alterada, condujó hasta el pueblo donde vivía con la madre. En tanto agonizaban cuatro personas más en centros de salud defeños. El virus de la enfermedad ya se multiplicaba en las mucosas de los chilangos rumbo a otras comunidades de Morelos, una de las entidades federativas más cercanas a la cuna de la pandemia.
"El triunfo del mal es que no se ve", le había dicho hace unos meses una ensayista radicada en la ciudad con más habitantes del mundo. "Lo esencial es invisible a los ojos", le había recordado a Viviana un alumno que citó al autor de El principito en un ensayo que la hizo llorar porque quizá algo bien había hecho ese semestre. Ceguera a lo José Saramago entonces, pensó la profesora. Distopías a lo Dafoe, Orwell, Bradury. Por si o por no, después de componer el desperfecto y lavar el carro, ella corrió a comprar comida, cubrebocas, alcohol en gel. Dispuesta a no salir hasta que un mail le indicara lo contrario, se encerró a leer novelas, responder mensajes electrónicos y no angustiarse por ese dolorcito en la garganta que apareció de súbito.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)